jueves, 20 de junio de 2013

La melancolía del futuro

Título: Mi jardín
Autor: Zidrou
Ilustradora: Marjorie Pourchet
Editorial: Adriana Hidalgo
Colección: Pípala
Año: 2010


Mi jardín es una advertencia, es un aviso al lector que aún vive en espacios gigantes rodeado de su imaginación enorme: lo tangible se termina, se agota, mientras que lo intangible, los recuerdos, perduran. 
Es un canto a la memoria que se vuelve onírica y que nos transporta a un pasado con elementos fantásticos. Ilustrado maravillosamente por Marjorie Pourchet, responsable entre otros títulos de A mi lado y Oso Cazamariposas, utiliza colores otoñales, –¿qué estación es más melancólica que el otoño?– El choque entre el texto y la ilustración enriquece la dinámica del libro, ofrece multiplicidad de sentidos y lo convierte en un libro-álbum.
Cuenta la historia de un hombre que regresa a la casa de su infancia y es absorbido por los recuerdos vividos en aquel jardín enorme que supo verlo como un pirata que escondía tesoros mientras que se convierte, a su paso, en el niño que fue. 
El libro apela a todo lector, porque todos tenemos recuerdos, son lo que tenemos para contar, lo que nos constituye como individuos y que suelen desestimarse cuando al regresar a un lugar que la memoria guarda de una forma notamos que ha empequeñecido o nosotros nos hemos agigantado, como si hubiésemos bebido de un sorbo la poción con la leyenda “bébeme” de Alicia.
El gran tema del libro es el paso del tiempo, lo que se ha ido y no regresa, roza el tópico de la muerte ya que las mascotas que han compartido tiempo y cariño con el protagonista pasan a alimentar la tierra y hacen surgir nueva vida de ella, ahora vegetal. Un cuarto, un retrato con tres personas, sólo dos sillas para merendar.





Imágenes tomadas de http://sol-e.com/bancorecursos/museo.php?letra=P&id_tabla=22014

miércoles, 19 de junio de 2013

Las cosas que más me gustan son sustantivos abstractos, aquellos de los que nos hablaba la señorita de la primaria. Me gustan el amor, la felicidad, los olores (el olor a pochoclo, a libro viejo, a muñeca nueva), pero si hablamos de sustantivos no abstractos lo que más me gusta son los libros, porque son puertas a otros mundos que alguien creó para nosotros.
Lo que trato aquí es dejar sentado lo que me transmiten los libros al momento de leerlos, es por eso que no se trata del tipo de reseñas que podríamos encontrar en la contratapa de un libro porque el eje no está puesto en lo comercial sino en la práctica del extrañamiento que debo realizar como adulta al momento de tomar un libro para chicos y volver a sentir lo que –quizás– hubiera sentido como una pequeña lectora. Con mis reseñas sólo muestro un modo de ver las cosas, sólo una lectura de las múltiples posibles.
He tomado el título del blog de un texto de Tournier en el que explica que las grandes obras literarias son legibles incluso por los niños. Me gusta este concepto porque habla de que no se necesita una prosa rebuscada para crear una literatura que permanezca en el imaginario colectivo, son aquellas obras que leen tanto niños como jóvenes y adultos. También me interesa que de esa apreciación se desprende que no hay temáticas que no puedan leer los chicos, sino un modo de contarlas.